Cara a cara con Rosa Maria Malet

Cara a cara con Rosa Maria Malet

Por: Verónica Castro Salamanca

Lleva nada menos que 34 años como directora* de la Fundación Joan Miró, organización a la que está vinculada desde su apertura en 1975. Y es que Malet parece haber nacido para ocupar el cargo: especializada en historia del arte, convivió con la familia Miró y actualmente es una de las grandes autoridades en la obra del artista. Es autora de varios libros sobre el artista y su obra, incluyendo Joan Miró. Una biografía (1992), y Joan Miró. Apuntes de una colección (2003). DIVENTO habló con ella tras su visita a Estambul, ciudad que actualmente alberga una exposición cuyo material expositivo  proviene, en su mayoría, de la Fundación Miró, sede de la colección más grande del mundo de obras del artista catalán.

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© Fundació Joan Miró, Barcelona. Foto: Pere Pratdesaba

La trayectoria de Rosa María Malet es el sueño de todo aquel que aspire a una carrera en la gestión del arte mironiano: al acabar la carrera, Malet comenzó a trabajar en la Fundación Miró como ayudante del departamento de conservación y más adelante como conservadora, hasta que en 1980 obtuvo el cargo de directora. Confiesa que a pesar de haber compartido varias estancias con los Miró cuando aún era estudiante de Historia del Arte, su interés por el artista y su obra no se hizo patente hasta 1968 cuando se presentó la primera gran exposición antológica de Miró en el antiguo hospital de la Santa Creu y que Malet describe como “un descubrimiento y un gran acontecimiento, especialmente porque el arte contemporáneo rara vez se veía en Barcelona”. La fundación, una iniciativa del propio Miró, se ha convertido en un centro de referencia no sólo de la obra del artista, sino también del arte contemporáneo en general, “ya que Miró no quiso crear la fundación pensando solamente en su obra”.

“Joan Miró donó una colección importantísima, y además con algunos aspectos excepcionales”, dice Malet respecto a la contribución del artista a la fundación. “Yo destacaría la colección de dibujos preparatorios que Miró realizó a lo largo de toda su vida. Los dibujos más antiguos son de cuando Miró tenía 8 años”. Habla con cariño del dibujo de una tortuga con los recuadros del caparazón pintados con colores distintos y que ya por aquel entonces dejaba adivinar su futuro gusto por el color. Dibujos como este sobreviven gracias a la madre de Miró -de quien el artista probablemente heredó su sentido del orden-, y que “han resultado ser un elemento muy importante para conocer su método de trabajo y seguir la evolución de sus obras”, añade Malet. De hecho, la colección de 13.000 dibujos fue el punto de partida de la exposición del centenario de Miró, el mayor reto que Malet ha afrontado en sus casi 40 años de labor en la Fundación.

Malet elige como obra imprescindible de la fundación La estrella matinal, que forma parte de las Constelaciones, obras de formato pequeño pintadas en papel. “Miró pintó la serie de las 23 constelaciones entre 1940 y 1941, en plena Segunda Guerra Mundial. Él estaba en Francia y cuando las circunstancias bélicas fueron agravándose, decidió volver a España con su mujer, su hija y la carpeta de las constelaciones”. Miró había cerrado ya una etapa que marcó su regreso a la figuración, pero la impotencia que sentía ante los horrores de la guerra lo llevó a “buscar refugio en los astros, las estrellas y el firmamento, aunque sin abandonar los elementos terráqueos, sobre todo la mujer. En cierto modo las constelaciones marcan el cierre de una etapa y el inicio de otra que define ya toda una iconografía que Miró irá reproduciendo a lo largo de su vida”. La constelación que se encuentra en la Fundación es la que el artista guardó para regalarsela a su mujer, Pilar Juncosa, “lo que le da un carácter emotivo muy especial”.

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© Fundació Joan Miró, Barcelona. Foto: Pere Pratdesaba

No cabe duda de que las obras de Miró son uno de los aspectos distintivos de la Ciudad Condal, además de un elemento de gran atractivo turístico, tal y como testimonian la infinidad de imágenes y reproducciones de la escultura Mujer y pájaro, -casi una una imagen icónica de la ciudad- y el mosaico de La Rambla, así como el interés que suscita la Fundación Miró, uno de los museos más visitados de Barcelona. Según Malet, la obra de Miró y el edificio diseñado por Josep Lluís Sert son por sí solos elementos atractivos para los visitantes. Puede que esto se deba a la “simbiosis natural” que existía entre los dos creadores: “Sert y Miró trabajaron codo con codo cuando realizaron el proyecto inicial; ya existía una coincidencia de gustos e intereses y una tendencia a valorar aquello de casa, algo muy característico de las culturas mediterráneas”.

La relación entre Miró y la ciudad no acaba ahí. Una de las exposiciones actuales de la Fundación, De Miró a Barcelona, explora las obras que el artista concibió para su ciudad natal y que constituyen un legado invaluable para la urbe y sus ciudadanos. “Vivimos el arte en el espacio público como una parte de nuestro entorno. No se trata simplemente de animar el paisaje urbano, sino de crear momentos únicos y especiales, de diferenciar un espacio de otro”, dice Malet, convencida de la importancia del rol del arte en el espacio público. “El artista puede crear un elemento de diversión, una curiosidad, un elemento que nos hace reflexionar o pensar, o ser una llamada a un acontecimiento histórico o sencillamente al placer estético”, añade.

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© Fundació Joan Miró, Barcelona. Foto: Pere Pratdesaba

Entre las exposiciones temporales que albergará la Fundación Miró en la temporada 2014-2015 se encuentran El nacimiento del objeto, Con tus propias manos y The Wilson exercises, todas muy prometedoras. Sin embargo, es Barcelona, zona neutral la que más capta nuestra atención, y la descripción que nos brinda Malet resulta ser otra fascinante lección de historia y arte, o más bien del papel que juega la historia en la creación artística. “La exposición hace referencia a un periodo en el que, mientras la Primera Guerra Mundial azotaba prácticamente a toda Europa, España había quedado fuera de la contienda bélica. Barcelona, cerca de la frontera, era ya por ese entonces una ciudad dinámica y activa, lo que favoreció que otros artistas se instalaran en la ciudad, entre ellos Picabia, Gleizes y Picasso. Esto creó un ambiente de vanguardia muy favorable para la creación artística, con la aportación de tendencias y formas de expresión de la época que llegaron a la ciudad y que no dejaron indiferentes a los artistas que estaban en plena efervescencia, entre ellos Joan Miró”. La exposición estudia, desde diversos puntos de vista, la Barcelona de aquellos años; para hacerlo cuenta con una compleja instalación que contiene unos 400 elementos provenientes de diversas colecciones, y que, sin duda, serán “una buena forma de conocer y analizar este momento y su impacto en el arte”, concluye Malet.

Nos despedimos con sus recomendaciones para todos aquellos que visiten Barcelona.

Un restaurante de auténtica comida catalana

Las 7 puertas, cerca de la lonja, bajando de Montjuic. También recomendaría el restaurante de la fundación, porque tienen una atmósfera agradable y sirve una cocina variada. Si se busca un lugar tranquilo para hablar y comer bien, el restaurante del hotel Alma en el centro de la ciudad.

Un festival cultural que tenga lugar en Barcelona

El festival Grec. Tanto la programación teatral como el recinto son excepcionales.

Un buen souvenir para llevarse a casa

Tengo debilidad por los elementos que proceden de la artesanía tradicional. Yo recomendaría unas buenas alpargatas de La Manual Alpargatera en la calle Avinyó.

Su Top 3 de visitas obligadas en la Ciudad Condal

Santa María del Mar, El Museo Nacional de Arte de Catalunya y la Plaza Real.

*En 2017, Malet dejó la dirección de la Fundación, lugar que había ocupado desde 1980.